jueves, 1 de enero de 2015

MARCOS RODRIGUEZ PANTOJA, "MIS PADRES FUERON LOBOS", EL MOWGLI ANDALUZ.

Esta es la insólita, curiosa, sorprendente y mas humana historia, la de Marcos Rodríguez Pantoja, “el niño salvaje de Sierra Morena” siendo así, el único caso documentado de niño salvaje en toda España.
La historia de Marcos, es sencillamente increíble:
Vendido por su padre, vivió sin contacto con humanos entre los 7 y los 19 años de edad (1953 a 1965) en un valle de la sierra de Cardeña Montoro, en la provincia de Córdoba (España).


Una manada de lobos era su única familia, un hurón, una serpiente entre otros animales eran sus amigos.
Cuando quedan atrás las horas entre peñascos, hierbas y agua del río; cuando el cuerpo pide un trozo de pan, otro de panceta y un trago de vino; cuando desaparecen de la retina imágenes y del oído sonidos desconocidos para un urbanita, es entonces cuando surge la verdad de la historia.
«Los animales son mejores que las personas».
Pero el niño salvaje andaluz, en los que "fue también un poco" lo de Mowgli, el protagonista de El Libro de la Selva, ya que igual que aquel, Marcos "creó un mundo mágico en el que fueron los mejores momentos de su vida".


El hijo de los lobos. by Jesús Delafrontera

Marcos Rodríguez Pantoja nació el 7 de junio de 1946 en Añora, un pueblecito de Sierra Morena, en Andalucía, en 1946, pasó sus primeros años de vida entre penurias y dificultades, algo tristemente normal en la España rural de la posguerra, Marcos era el menor de tres hermanos.
Su madre Araceli murió .
Su padre, Melchor, se juntó con otra mujer, se fueron a vivir al campo y entregó a unos parientes a sus dos hijos mayores.
Marcos se quedó con su padre, y su madrastra que le obligaba a robar bellotas y cuidar cerdos, y sufría casi a diario los golpes y malos tratos que ésta le propinaba.
Vivían en una choza levantada con palos y matojos.
Eran piconeros: hacían carbón.
Cuando tiene 6 años, la difícil situación obligó a su padre, Melchor, a vender a Marcos por unas pocas pesetas a un anciano pastor, Damián; en 1953, para que le ayudara a cuidar el rebaño de cabras.
El anciano era un hombre salvaje con el que apenas intercambiaba unas palabras y la comida se limitaba muchas a veces a un conejo que cazaba el hombre, lo quitaba la piel, lo partía en dos y le daba la mitad a Marcos para que lo comiera crudo.
Pero el anciano murió a los pocos meses y Marcos quedó solo en plena sierra.
Era un crío.
De vez en cuando recibía la visita del dueño de las cabras, que le llevaba un pedazo de pan.
Pero nada más.

Empezó así la vida de Marcos entre lobos.
«Un día oí ruido detrás de unas rocas.
Me acerqué y había unos lobeznos.
Les fui a dar comida, a revolcarme con ellos…
Vino la loba y lanzó un mordisco…
Me fui…
Un día estaba en la cueva y entró la loba.
Yo me fui al fondo…
Creía que me iba a comer…
¡Como antes me había atacado! 
Pero me dejó un trozo de carne…
Me lo iba acercando…
Y al final se acercó y la abracé…
Y fueron confiando en mí.
Yo les daba comida y jugaba con los lobeznos y poco a poco, así, fue como me fui convirtiendo en el jefe de la manada».
Marcos cazaba conejos con pegajosos palos de jara.
Los metía en la madriguera y la resina se pegaba en la piel de los animales.
O cazaba ciervos con ayuda de los lobos, que azuzaban al venado hacia el río y allí Marcos les daba muerte.
A los peces los hacía entrar, a una especie de cueva que fabricaba en el río.
Los peces, atraídos por los restos de los animales muertos que Marcos metía entre piedras, se metían en la trampa.
Cuando estaba allí, Marcos soltaba una piedra contra la laja que cubría la cueva y atrapaba a los peces.
Así vivió Marcos días y meses y años.
El pelo largo, por la cintura, impregnado del olor de sus amigos los lobos.
La piel curtida por el sol y también rezumando ese aroma tan fuerte.
Se movía como ellos, vivía como ellos, aullaba como ellos.
Cazaba, hacía fuego y descubría sus instintos básicos en soledad.


El pacto de los lobos. by Jesús Delafrontera

Así pasó los 12 años siguientes hasta que un día la Guardia Civil le encontró con el cabello por la cintura y cubierto con pieles de venado.
Su piel se había tornado morena y estaba cubierta de cicatrices.
Sus pies estaban llenos de callos, pues andaba descalzo, y apenas sabía un puñado de palabras.
Marcos describe su regreso a la sociedad como el momento en que más miedo tuvo en su vida.
"No sabía para donde tirar, sólo quería escaparme al monte".
Cada una de las experiencias que vivió fue traumática: desde su primera visita a la barbería –cuando creyó que el barbero iba a degollarlo con su navaja- hasta las peleas con las monjas de un centro para convalecientes en Madrid donde pasó una temporada, que intentaban hacerlo dormir en una cama, un hábito, que le costó mucho adoptar.
"Una vez alquiló un pequeño apartamento. 
En la habitación donde dormía no tenía ni cama ni muebles, había mantas por todo el suelo y una cantidad desparramada de hojas de revistas y periódicos arrugados, como si hubiese un animal ahí dentro".
Sin embargo, lo que más alteró a Marcos en un principio fue el barullo de la ciudad.
"No podía con tanto ruido. 
Gente pa' acá, gente pa' allá, ¡como las hormigas! 
Pero las hormigas siempre van por un carril, y la gente iba de un sitio a otro”.

El encuentro con su padre, sin embargo, no le produjo emoción alguna.
Cuando la Guardia Civil lo localizó para reconocer a su hijo, el padre, un hombre ya viejo y casi ciego, volvió a encontrarse cara a cara otra vez con Marcos.
"Cuando Marcos lo vio no sintió nada de nada".
"Lo único que me preguntó al verme fue: 
'¿Dónde está tu chaquetilla?', como si todavía pudiese seguir usando la misma ropa que tenía cuando me fui".
Las monjas de Madrid le enseñaron a desenvolverse.
"Me enseñaron a comer, me pusieron una tabla en la espalda para caminar derecho porque yo andaba todo torcido de andar por la sierra".
Y también lo tuvieron que poner en una silla de ruedas porque no podía caminar después de que le cortaron los callos de los pies.
Lo que siguió fue un peregrinar de una ciudad a otra por diversos trabajos, más que nada en el sector de la hostelería, y un breve paso por el servicio militar.

Por su ingenuidad y su falta de experiencia, muchas veces se aprovecharon de él y terminó viviendo en condiciones de miseria en Málaga.
Hasta que la buena suerte y la generosidad de un policía retirado lo llevaron a Rante, un pequeño pueblo cerca de Orense, en Galicia.
A Marcos le gusta ver televisión.
Las películas del Oeste y Tarzán son sus programas favoritos.
Aunque Marcos acepta su realidad sin reproches, "lo que hay, es lo que hay", cree que su vida hubiese sido distinta si el Estado hubiese intervenido a tiempo.

"Cuando me sacaron de allí lo primero que tendrían que haber hecho es haberme metido en un colegio, enseñarme a hablar, a andar por el mundo. 
¿Para qué me hacen hacer la primera comunión y el servicio militar? 
¿Para que supiera pegar tiros y matar gente?".

“Casi 50 años después de ser atrapado por la Guardia Civil, Marcos aún tiene la certeza de haber aprendido poco de los hombres, la sensación de que nada tiene tanta verdad como aquellos años que vivió con los lobos”



Os dejo también la película biográfica de Marcos Rodriguez "ENTRE LOBOS".


1-2 E.n.t.r.e.l.o.b.o..s. by Jesús Delafrontera


2-2 E.n.t.r.e.l.o.b.o..s. by Jesús Delafrontera

Si queréis saber sobre la sinopsis, año y reparto de la película pulsar... AQUÍ.

Cayetana Guillén Cuervo presenta la película "Entre Lobos" y un coloquio en el que participan su director, Gabriel Olivares, su protagonista Juan José Ballesta, el Catedrático en Antropología de la Educación, Gabriel Janer y Marcos Rodríguez Pantoja, personaje real en el que se basa la película.


coloquio - Entrelobos. by Jesús Delafrontera

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